MAPAS IMPOSIBLES
Te invito a perderte
LABORATORIO DE ESCRITURA NARRATIVA
En/Feb 2026
CUPOS LIMITADOS

«ESCRIBIR ES UNA EXPLOSIÓN DE INTERÉS»
Jack Kerouac
¿Y si en lugar de aprender a escribir, aprendiéramos a perdernos?
Este laboratorio no es para dominar la técnica narrativa.
Es para desautomatizar tu mirada, desaprender lo que crees saber
y acercarte al borde de lo que las palabras pueden nombrar.Como dice María Negroni:
buscamos «mejorar la calidad de nuestra ignorancia».Para principiantes:
Empezá desde el no-saber. No desde las fórmulas.Para quienes ya escriben:
Volvé a ser principiante. Resetea. Olvida lo que te enseñaron.Vamos a trabajar herramientas narrativas, sí. Pero no como recetas.
Como formas de afinar la percepción y tensar el lenguaje
hasta que aparezca ese «algo más».Narramos para perdernos, para asombrarnos.
Narramos para llegar al acantilado.
Nuestro objetivo es entrenar la mirada y practicar una escritura narrativa
que no simplifique tanto la experiencia, y que revele su ambigüedad,
su potencia poética y su misterio.
Buscamos escribir textos donde la narración no clausure significados
sino que los multiplique; donde el conflicto no simplifique al otro,
sino que revele su riqueza.

INFORMCIÓN PRÁCTICA

¿POR QUÉ «MAPAS IMPOSIBLES»?
En la vida cotidiana, usamos los relatos como mapas:
para orientarnos, para no perdernos.
Pero en el arte, buscamos lo imposible.
Buscamos narrar lo que no se puede narrar.
Mapear lo que no se puede mapear.
Llegar al borde donde las palabras se detienen.
Por eso… Mapas Imposibles.
Porque un cuento, en última instancia, se mueve en ese plano del hombre donde la vida y la expresión escrita de esa vida libran una batalla fraternal, si se me permite el término; y el resultado de esa batalla es el cuento mismo, una síntesis viviente a la vez que una vida sintetizada, algo así como un temblor de agua dentro de un cristal, una fugacidad en una permanencia…
Cuando contamos algo, cuando organizamos la experiencia en forma de relato, no podemos evitar recortar, seleccionar y ordenar. Incluso cuando contamos una situación de la vida cotidiana, o hasta en los libros de historia, al relatar hacemos ficción.
En la vida social, la narración tiene la utilidad del mapa; para que el mapa funcione, necesitamos olvidar sus omisiones, lo que deja afuera. Si en la vida cotidiana nos sirve olvidar que el relato de una experiencia siempre es un recorte, en el arte de la ficción buscamos recordarlo. En la literatura buscamos reconocer que narrar es intentar agarrar lo imposible.
En el intento de agarrar lo imposible, aparece algo más. Como decía Sontag, la literatura busca ese algo más.
El eje temático de este taller es el de la otredad. Nos preguntamos: ¿cómo puede la literatura narrativa llevarnos hacia lo otro?
Néstor Sánchez decía que la prosa es una excusa para llegar a la poesía.
¿Puede la prosa narrativa llevarnos hacia ese acantilado misterioso que llamamos poesía?
Usamos el concepto de epifanía para intentar nombrar esos momentos de experiencia en los que hacemos contacto con algo que se escapa a las palabras—el desconcierto de no saber cómo contar algo, la experiencia inenarrable. Pensamos a la narración como un camino que nos lleva hasta el Acantilado de lo Innombrable. Buscamos lo imposible. Narramos para perdernos, para asombrarnos.
No narramos para recuperar algo perdido (para solo recordar algo que sucedió) sino para hundir nuestra percepción en la distancia y así, con suerte, descubrir algo nuevo.
No narramos para traducir lo invisible en visible, sino para reconocer, y celebrar, que hay zonas de lo invisible, de lo desconocido, que jamás podrán ser iluminadas y conocidas. Narramos no para transformar lo desconocido en conocido (como hace la ciencia), sino para celebrar que hay zonas de la experiencia que nunca podrán ser del todo nombradas.
Narramos para celebrar ese Misterio.
No escribo para explicar,
escribo para describir el verdadero misterio,
el desgarrador misterio de ser un ser humano.

TESTIMONIOS
De cada taller con Jada me llevo sorpresa, interés por el otro y una sensación de que quiero más…
Es como si con sus propuestas y su propio interés, me invitase a entrar más profundo
en mi mundo creativo y poder expresar lo que está allí.
Hacer taller con Jada fue descubrir y entrenar la atención y curiosidad
que hace de cualquier estímulo semilla fértil para escribir.
Tanto divertidas como trascendentes, cada sesión fue única.
Los ejercicios, las reflexiones y el compartir con el grupo fueron hermosos y enriquecedores.
Hacer el taller de escritura fue un descubrimiento hermoso, no sólo de narrativas de diversos autores que trabajamos.
Fue una exploración del ejercicio de escribir nuestras propias producciones, ideas, descubrimientos…
Muy valioso también el espacio creado junto a la guía de Jada y los compañerxs
que permitió que sea un espacio de nutrición y aporte constante.
Los talleres con Jada me sirvieron para ampliar mis visiones sobre los textos y el mundo,
sobre las formas de mirar y de narrar. Es muy rico el compartir con otros las experiencias y lecturas,
y Jada tiene una visión muy atinada, casi microscópica de ver y hacernos ver cada palabra y lo que provoca.
Sus talleres, aparte de ser sobre relatos, son de modelar la curiosidad y preguntarnos sobre cómo vemos las cosas,
al otro, los detalles, y te abren los sentidos y la atención. Me encantó la experiencia!!!!

JADA SIRKIN
Me recibí de director de cine en ENERC, la escuela del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales de Argentina. Estudié letras en la Universidad de Buenos Aires. Soy co-fundador y director de la productora/plataforma de cine RETICULAR films. Dirigí 3 largometrajes, medios, cortos, una miniserie y una serie. Doy talleres de escritura y acompaño procesos creativos individuales y colectivos desde 2014. Doy talleres de cine y filosofía desde 2023. Soy actor. Participé en obras y varietés. Publiqué dos libros de cuentos y varios libros de ensayo y crónica (ver mis libros). Escribo regularmente en mi blog desde 2013. Escribo artículos de cine para el blog de RETICULAR. En 2023 lancé el proyecto El espectador inquieto, que cuenta con un podcast, un libro y talleres virtuales. En julio 2024 lancé La forma del temblor (arte y procesos creativos), un podcast de conversaciones con artistas y otros videos. Soy co-director de la obra de teatro «La Oso», estrenada en 2025. Actualmente estoy escribiendo y dirigiendo otra obra y distribuyendo mi tercer largometrajje «La ficción». Tengo un newsletter semanal gratuito sobre arte y procesos creativos. Practico escalada deportiva.

INSCRIPCIÓN AL TALLER

PREGUNTAS FRECUENTES

LA FILOSOFÍA DE LOS MAPAS IMPOSIBLES
…al igual que la política,
el arte debe contemplar la posibilidad de lo imposible.
El relato, en principio, es una herramienta de supervivencia: contamos historias para tejer tribus y personalidades; trazamos mapas para llegar al río. El ego (nuestra primera ficción, nuestra primea institución) es una estructura narrativa de supervivencia. El ego (y la cultura, como un ego colectivo) es un mapa que nos dice por dónde hay supervivencia y por dónde peligro. Cuando, además de para sobrevivir, usamos la herramienta de la ficción para crear arte, las posibilidades se multiplican.
Si en la vida cotidiana usamos la ficción como mapa… En el arte, ¿qué?
El arte ¿es solo un relato que busca la supervivencia?
Si el arte no busca la supervivencia, ¿qué busca?
Si el arte de la ficción no busca eliminar complejidad y simplificar la experiencia, como los mapas de supervivencia de la vida cotidiana, entonces ¿qué busca? Si para el arte de la ficción la complejidad y la riqueza ambivalente del mundo ya no son un problema, ¿qué son?
El arte de la ficción nos recuerda que la complejidad no es un enemigo, sino todo lo contrario —una posibilidad de apertura y transformación. En el arte, podemos reconocer que esa Diferencia que en la vida cotidiana llamamos enemigo trae información valiosa para nuestra transformación.
Parafraseando a Declan Donnellan, la simplificación puede servirle a un juez, pero no a un artista.
Volvamos al tema del ego: pensemos al ego (el individual y el colectivo) como un mapa de simplificaciones. ¿Qué es simplificar? ¿Por qué simplificamos la experiencia? ¿Por qué reducimos la complejidad de la vida a unos dibujos de palitos?
En principio, simplificamos para juzgar si una situación (o un otro) puede beneficiarnos o ponernos en peligro. Ese es el modo dualista, básico, con el que funciona nuestro cerebro. Los humanos transformamos el día y la noche en el bien y el mal. Si en la vida cotidiana tendemos a dar un solo significado a cada experiencia (simplificamos para ubicarnos, sacar provecho o defendernos, y sobrevivir), en el arte podemos reconocer que cada experiencia tiene un potencial poético enorme —un potencial enorme de multiplicarnos.
Pensemos en la poesía como un potencial. Algo latente, algo que quiere ser, algo que se anuncia… Como decía Borges, algo que quiere ser revelado… Esa llanura que «está por decir algo, pero nunca lo dice, o lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos, pero es intraducible como una música.» (Borges, «El fin»).
Ese potencial…
¿Qué sería el potencial poético de la experiencia?
En principio, el potencial poético de la experiencia es su capacidad de significar más de una sola cosa. La buena narrativa reconoce y explora esa cualidad ambivalente de toda experiencia.
En general, en la vida cotidiana, no nos gusta la ambivalencia. Estamos cableados para definir y encasillar al otro, a las experiencias nuevas, según parámetros viejos que buscan clasificar en «buena noticia» o «mala noticia». Para nuestra programación de supervivencia, la ambivalencia (la ambigüedad) significa riesgo de vida. Por eso buscamos eliminarla… En la vida… Pero… ¿En el arte?
El sentimentalismo, como dice Donnellan, es una negativa a aceptar la ambivalencia de todo fenómeno, una reducción drástica de la ambigüedad. Digamos que en la vida cotidiana tendemos a ser sentimentales, porque tendemos a ver todo en blancos y negros, de modo polarizado. En la vida, buscamos reducir lo más posible el malentendido, nos aterra el malentendido. Preferimos etiquetar al otro como enemigo y cancelarlo de nuestro mapa de experiencias a que se mantenga en una zona de indefinición.
En el arte de la ficción, en cambio, el malentendido (la indeterminación) no es un problema sino una oportunidad.
En el cuento, en la novela, la ambigüedad puede ser revalorizada y celebrada.
Y así, la vida recupera su misterio, su gracia, su vibración abismal.
Pues bueno…
Tal vez eso sea lo que buscamos al escribir ficción: devolver a la vida esa textura misteriosa (inquieta, digamos) que en el cotidiano tendemos a cancelar.
Por eso: mapas imposibles.
Si un mapa siempre es una simplificación de un territorio, en el arte narrativo, en la ficción poética, buscamos reconocer ese reduccionismo cartográfico y celebrar la complejidad de la vida y la experiencia humana.